Introducción.

La personalidad de San Alfonso es extraordinaria desde muchos aspectos: como hombre y artista, como sacerdote, misionero popular, teólogo y obispo.

 Esta personalidad puede significar mucho para el hombre post-moderno en la estructuración de su vida cristiana. También nosotros, los Redentoristas, cuanto más profundicemos en la personalidad de nuestro fundador y en su inspiración pastoral, recibiremos un impulso siempre nuevo para nuestra tarea en la Iglesia de hoy. Hay que volver a las fuentes, si queremos hoy seguir siendo nosotros mismos de cara al futuro del mundo y de la Iglesia.

 Especial importancia para nuestro ser de cristianos y misioneros recobra la figura de San Alfonso en nuestro tiempo.

 El Papa Pablo VI dijo a los Redentoristas en una ocasión (1972): “Una vela no arde por sí misma; hay que encenderla. Cuando está encendida, ilumina y consigue que esta luz vaya más lejos para que otros también puedan arder”.

 Deseo que esta pequeña obra, pueda difundir mucha luz y encienda en muchos corazones una renovación espiritual.

 P. Luis Antonio Rojas CSsR.

 

I. Personalidad de san Alfonso

 Alfonso María de Ligorio es la figura más significativa de la Iglesia Católica en el siglo XVIII. Era un “típico napolitano”, pero su santidad y su doctrina se difundieron gradualmente en el mundo católico y en la cultura europea hasta llegar mucho más allá de los límites del Reino de Nápoles. La pasión de su vida fueron los marginados y excluidos. El los encontró entre “los pobres abandonados del campo y de los poblados”.

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II.  Alfonso Apóstol

Pocos como Alfonso han comprendido y llevado a la práctica la predicación del Evangelio, quien tuvo confianza en la predicación, la ejerció en todas las formas posibles, la recomendó, la organizó, la adaptó a la gente sencilla y en armonía con las necesidades de los tiempos.

Al comienzo de su sacerdocio, había fundado la “Obra de las capillas”. Por las tardes, en varias iglesias y ayudado por otros, intentaba, mediante la instrucción llana y fácil, la recuperación religiosa y social; a la vuelta de pocos años, funcionaban 300 capillas, con 3000 participantes. Fundados los Redentoristas, por espacio de 30 años, se consagró a la predicación de las misiones populares para todos y de ejercicios espirituales para sacerdotes, seminaristas y religiosas.

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III. Grandes Pilares de la espiritualidad Alfonsiana

 Alfonso de Ligorio puede ser considerado como el doctor de los grandes pensamientos salvadores y uno de los mayores pedagogos de la santidad. Su doctrina espiritual no es un sistema frío y reducido a esquemas muy bien trazados y carentes de vida. Todo su programa es una tendencia asidua, sincera y perseverante a la santidad y al aborrecimiento de toda mediocridad y tibieza en el servicio de Dios.

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IV. Alfonso teólogo – Teología Moral

 Alfonso fue un verdadero maestro de moral cristiana. En una época de indiferencia y de decadencia del sentido ético, las enseñanzas del Santo pueden ser un estímulo para una “nueva evangelización” de todos los que buscan, en los testigos coherentes como Alfonso, la credibilidad para continuar la obra de Jesucristo y la fuerza para buscar siempre “los más abandonados de auxilios espirituales”. Son los “nuevos pobres’; cuyo rostro aparece marcado por mil soledades y desesperaciones. Una marginación que puede ser superada, también hoy, a la luz del amor, con A mayúscula, el amor que era la clave de la experiencia de fe de san Alfonso, luz que orienta las cristianos en la respuesta dinámica ante las urgencias de la vida contemporáneo.

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V. Alfonso teólogo- Teología Ascética

Entendemos por teología ascética o por espiritualidad no simplemente la doctrina de San Alfonso, sino la manera como él vivió el Evangelio, el modo como se relacionaba con Cristo, como entendía la conversión, la importancia que daba al dialogo con Dios, etc.

Sabemos que la ascética y la espiritualidad de Alfonso siguen cuatro pistas fundamentales, sus cuatro amores: la Virgen, Jesús Niño, la Eucaristía y la Pasión de Cristo. Pues bien, estos cuatro puntos referenciales, fundamentales en la Revelación, aparecen como emergiendo de su sentir napolitano. Así y de un modo casi mágico, lo napolitano en sus manos, en su corazón, se convierte en teología, en redención, en salvación.

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