LOS MISIONEROS REDENTORISTAS

La Congregación del Santísimo Redentor, fundada por San Alfonso, es un Instituto religioso misionero integrado por miembros de diversos ritos y está presente en 77 países. Su fin es “seguir el ejemplo de Jesucristo salvador, en la predicación de la divina Palabra a los pobres, como Él dijo de sí mismo: “Me envió a anunciar la Buena nueva a los pobres”.

La Congregación sigue el ejemplo de Cristo por la profesión de la vida apostólica, la cual comprende a la vez la vida especialmente consagrada a Dios y la actividad misionera de los Redentoristas.

Para responder a su misión en el seno de la Iglesia, la congregación redentorista se organiza como un cuerpo misionero, cuyos miembros viven en comunidad.

Movidos por el espíritu apostólico e imbuido del celo del Fundador, fieles a la tradición marcada por sus antepasados y atentos a los signos de los tiempos, todos los Redentoristas, como cooperadores, socios y servidores de Jesucristo en la gran obra de la Redención:

  •  Son enviados a predicar el Evangelio de Salvación a los pobres
  • Forman una comunidad apostólica Consagrada de modo especial al Señor
  • Que recibe una formación apropiada
  • Y cuenta con una forma adecuada de gobierno.

LA FUNDACIÓN DE LA CONGREGACIÓN

La Congregación del Santísimo Redentor fue la respuesta que san Alfonso dio a Jesús ante la llamada de los pobres. En 1730, Alfonso se encontraba agotado a causa del duro trabajo de las misiones. Los médicos le ordenaron tomar un período de descanso y que fuera allí donde pudiera respirar el aire puro de la montaña. Con algunos de sus compañeros se fue a Scala, en la costa amalfitana del sur de Nápoles. Allá, en la montaña, se encontraba el santuario de Santa María de los Montes, un lugar perfecto para descansar, un lugar perfecto para la contemplación, cerca de la Madre de Dios: alturas montañosas, belleza y, abajo, el mar. Pero Scala significaba también pobreza. En las montañas vivían algunos pastores que le pidieron que les hablara del Evangelio, de la Palabra de Vida. Alfonso se maravilló del hambre que aquellas pobres gentes tenían de la Palabra de Dios y le vinieron a la mente las palabras del profeta: “Los niños pedían pan pero no había quien se lo diera” (Lam. 4.4). Su primer biógrafo cuenta que cuando Alfonso dejó Scala, parte de su corazón quedó con aquellos pastores y que lloró pensando en el modo de ayudarlos.

En Nápoles, después de largas plegarias y de consultas para lograr ayuda y discernimiento comprendió que debía volver a Scala. Ciertamente, también en Nápoles había pobreza pero otros muchos habrían podido ayudar a los pobres a huir de su marginación social mientras que, en Scala, los pobres se encontraban solos, no tenían a nadie que los ayudara estaban totalmente abandonados. En la época de san Alfonso, estos pastores y la población agrícola se encontraban entre los grupos más maltratados por la sociedad: “no se los consideraba hombres como los demás eran una desgracia de la naturaleza”. Fue a causa del infortunio que acompañaba a estos pobres lo que hizo que san Alfonso optara por ponerse de su parte, compartir su vida y alimentarlos abundantemente con la Palabra de Dios.

El 9 de noviembre de 1732, en su querida Scala, san Alfonso de Liguori fundó la Congregación del Santísimo Redentor para seguir el ejemplo de Nuestro Salvador Jesucristo, anunciando la Buena Nueva a los pobres. Tenía entonces 36 años. Su vida se convirtió en una misión continua y en un servicio a los más abandonados. La Congregación fue aprobada por Benedicto XIV el 25 de febrero de 1749.

Hoy, los Redentoristas somos alrededor de 5.500; trabajamos en 77 países de los cinco continentes, ayudados por muchos hombres y mujeres que colaboran en la misión; todos juntos formamos la gran Familia redentorista. “Nuestra Señora del Perpetuo Socorro” es el icono misionero de la Congregación.

Los Misioneros redentoristas continuamos el carisma de Alfonso en la Iglesia y en la sociedad.

PERFIL DEL MISIONERO REDENTORISTA

 Los Redentoristas son apóstoles de fe robusta, de esperanza alegre, de ardiente caridad y celo encendido. No presumen de sí y practican la oración constante. Como hombres apostólicos e hijos genuinos de San Alfonso, siguen gozosamente a Cristo Salvador, participan de su misterio y lo anuncian con la sencillez evangélica de su vida y de su palabra. Con plena disponibilidad para todo lo arduo, como fruto de la abnegación de sí mismos, viven preocupados por llevar a los hombres la “Redención copiosa” de Cristo (Const. 20).

MISIONEROS DE LOS POBRES

 Este es otro de los distintivos de los Redentoristas; San Alfonso solía decir que la atención a los más abandonados era la tarea propia de la Congregación: “Tengamos por tanto, en nuestros corazones un amor particularmente tierno hacia aquellos marginados, a los que nadie presta atención”…

En nuestras Constituciones este deseo de Alfonso se sigue realizando en cada contexto social. Leemos en  Constituciones 4 y 5  “Entre los grupos humanos más necesitados de socorro espiritual, los Redentoristas han de dar preferencia a los pobres y humildes de condición y a los oprimidos, cuya evangelización es señal de la llegada del Reino de Dios ( cfr. Lc 4,18) y con quienes ha querido Cristo en cierto modo identificarse (cfr. Mt. 25,40).

La preferencia por las situaciones de necesidad pastoral o de la evangelización propiamente dicha y la opción por los pobres constituyen para la Congregación su misma razón de ser en la Iglesia y el sello de su fidelidad a la vocación recibida”. Los Redentoristas no debemos pasar por alto el grito de los pobres. Debemos entregarnos por entero a la redención del hombre en su totalidad, a la justicia social y al desarrollo del hombre en plenitud”.

Este servicio a los pobres se desarrolla de muy diversas maneras en los cinco continentes y en más de 77 países diferentes. Muchos Redentoristas trabajan directamente  en los grandes cinturones suburbanos, con los pobres en el Tercer Mundo, con los leprosos, con los drogadictos, con los enfermos y presos, en los barrios pobres y en los campos de refugiados.

ANUNCIAMOS LA ABUNDANTE REDENCIÓN

 La tarea principal de los Redentoristas es anunciar la Palabra de Dios, de acuerdo con el lema del escudo   “Cerca de El hay abundante redención”… anunciamos el Evangelio como un mensaje liberador de paz y de esperanza; como una alegre noticia, que presta confianza al hombre de hoy en sus problemas y dudas, en sus angustias y necesidades.

Los Redentoristas, de acuerdo con nuestra propia tradición podemos decir que la misión popular es nuestra principal actividad.

También, según las circunstancias y las necesidades pastorales, hay otras formas de anuncio: ejercicios espirituales, pastoral de centros de peregrinación, trabajo en las comunidades de base, formación religiosa de los adultos, apostolado de la prensa.

Como Alfonso quería que los Redentoristas predicamos con un estilo muy sencillo. Decía frecuentemente: “…Prediquen de tal manera que todos los comprendan … El pan de la palabra divina debe ser repartido en pedacitos para que queden saciados hasta los más ignorantes… Aquellos predicadores que se predican a sí mismos causan un gran estrago en la Iglesia».

TESTIGOS DEL EVANGELIO

 Como los Redentoristas llevamos el nombre del Redentor, nuestra vida y todos nuestros esfuerzos giran en torno a la persona de Jesucristo. La expresión «Seguimiento de Cristo» define el núcleo de la espiritualidad redentorista.

Por la profesión religiosa los redentoristas consolidamos nuestra existencia personal y comunitaria para dedicarnos por entero al anuncio del evangelio y ejercitarnos en la perfección de la caridad apostólica, que es lo que constituye el fin propio de la Congregación.

Escogidos para la obra a que hemos sido llamados (cf. Hch 13,2), los redentoristas estamos dispuestos a entregarnos de por vida a la vocación y a renunciar a nosotros mismos y a cuanto poseemos para ser discípulos de Cristo y hacernos todo para todos (cf. 1Cor 9,22).

Dentro de la Iglesia, que continúa y desarrolla la misión salvadora, los redentoristas siguen el mismo camino que Cristo: el camino de la virginidad, de la pobreza, de la obediencia, del servicio y de la inmolación de sí mismo hasta la muerte, de la que salió vencedor por su resurrección.

Por esta total entrega a la misión de Jesucristo, los redentoristas compartimos la abnegación de la cruz del Señor, la libertad virginal del corazón, la profunda disponibilidad para dar vida al mundo. Por consiguiente, al anunciar la vida nueva y eterna procuramos ser ante los hombres signos y testigos de la fuerza de la resurrección de Cristo.

 

CÓMO VIVIMOS

Comunidad fraterna 

Los redentoristas estamos llamados a vivir una vida en comunidad, reconociendo que este proceso que llevamos lo vivimos acompañados de Dios y de nuestros cohermanos. Para responder a la misión en la Iglesia, los redentoristas llevamos a cabo la acción misionera de modo comunitario. Pues la forma apostólica de vida en común abre muy eficazmente el camino de la caridad pastoral.

Por consiguiente, es ley esencial de la vida de los Redentoristas es vivir en comunidad y realizar la obra apostólica a través de la comunidad. Pero la comunidad no consiste tan sólo en la cohabitación material de los cohermanos, sino a la vez en la comunión de espíritu y de hermandad.

La vida comunitaria se ordena a que los Redentoristas, a ejemplo de los apóstoles (cf. Mc 3,14; Hch 2,42-45; 4,32), compartamos en sincera comunión fraternal las oraciones y deliberaciones, los trabajos y sufrimientos, los triunfos y fracasos, y también los bienes temporales, todo al servicio del evangelio.

Comunidad orante 

Llamados a continuar la presencia de Cristo y su misión redentora en el mundo, los redentoristas elegimos la persona de Cristo como centro de nuestra vida y nos esforzamos por intensificar de día en día la comunión personal con Él. El mismo Redentor y su Espíritu de amor se hacen así presentes en el corazón de la comunidad para ir formándola y sustentándola. Pues cuanto más estrecha venga a ser su unión con Cristo tanto mayor será la comunión entre los mismos cohermanos.

Los redentoristas hacemos nuestra la recomendación del Señor: “Es preciso orar siempre sin desfallecer” (Lc 18,1), como lo hacían los discípulos de la primitiva comunidad eclesial. Éstos “acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones” (Hch 2,42), y “perseveraban en la oración con un mismo espíritu junto con María, la Madre de Jesús” (Hch 1,14).

De ese modo procuramos, con todo empeño, reavivar en nosotros mismos el espíritu de oración de san Alfonso.

Comunidad abierta

La comunidad primaria y básica para los congregados es su propia comunidad religiosa. Pero ésta debe estar abierta al mundo que los rodea a fin de que, a través de los contactos humanos, conozcan los signos de los tiempos y lugares, y se adapten mejor a las exigencias de la evangelización. Pues los redentoristas, de hecho, pertenecemos en cierto modo a otras comunidades, especialmente a los grupos humanos entre quienes trabajamos.

Así, sin dejar de lado la propia comunidad, hacemos partícipes a todos del gozo del evangelio que vivimos, y nos convierte en fermento del mundo y testimonio viviente de esperanza.

Comunidad organizada

Como comunidad organizada llevamos nuestra vida equilibrada en lo que es el estudio, trabajo, oración y momentos de compartir fraterno, esto pues con motivo de llevar una vida religiosa organizada y centrada en nuestro propósito de servir a Cristo Redentor.

Para expresar y propiciar la promoción de las personas dedicadas conjuntamente a la caridad pastoral, cada comunidad necesita una organización adecuada y un plan concreto de vida comunitaria. Las normas de vida se acomodan a las características humanas de la comunidad y en vista de las tareas misioneras, puedan adaptarse a lo que exijan la Iglesia, las circunstancias de tiempo y lugar, así como la cultura e índole propia de cada pueblo.