Toda vida es vocación; por esta vocación, que es personal, el hombre puede vivir en comunión con Dios, siendo capaz de dialogar con él, de colaborar con él. El hombre está llamado por vocación a realizarse a nivel individual y comunitario en alianza con Dios.

Muchos son los caminos concretos para realizar este ideal de santidad a que TODOS somos llamados, porque múltiples son los géneros de vida, ocupaciones, circunstancias y funciones.

¡La vocación es un misterio!

Ciertamente la vocación es un misterio, que vamos descubriendo en el vivir nuestro
de cada día en nuestro ambiente cotidiano. Como todo misterio, es discernida,
fortalecida y apoyada por personas y en familias concretas,
la vocación es parte del misterio de la encarnación.

A ti que eres joven y que quieres encontrarle sentido a tu vida, en un mundo en el que el secularismo y el consumismo, y más aún una visión erotizada de la existencia, de la vida, que te lleva a perderle el verdadero sentido; por tal razón te invitamos a que abras tu corazón a la acción de Dios, ya que solos es imposible encontrarle el verdadero sentido a la nuestra vida. Estamos llamados a realizarnos como personas, libres, en un estado de vida, en el que todo mi ser, mi libertad, mi todo, lo proyecto en dirección de un camino concreto, en el servicio a los demás.

Recuerda que a través de nuestra vida es que Dios realiza su proyecto en medio de este nuestro mundo, pues Dios no tiene, manos, ni piernas, ni ojos, etc., y tú lo tienes y él te necesita, así que arriésgate a dar un paso por el sentido de la vida. Estamos llamados a hacer grandes proyectos con nuestra, así que no te quedes atrás. Hay personas llamadas por Dios a consagrarse por entero a un valor que se les presenta como fundamental y que conlleva una entrega de tal grado que exige una disponibilidad plena en todo momento. Es una opción por una mayor libertad e independencia para poder cumplir con la sublime misión de servicio evangelizador que se experimenta como decisiva para cumplir con el divino designio y alcanzar así la realización personal.

Las características de vida del Señor Jesús se presentan con una gran fuerza para quien como Él acepta libremente responder, amorosa y obediencialmente, al Plan divino y asumir las condiciones que un seguimiento de plena disponibilidad implica. El celibato queda definido por la libre respuesta a la gracia del llamado de seguir así al Señor Jesús, tornando disponible, a la persona que a él responde, a una dedicación exclusiva a las responsabilidades y tareas que el designio divino ponga delante de sí. Así, celibato y libre disponibilidad para el servicio y el apostolado son conceptos vinculados muy cercanamente. Las formas concretas que asume esta plena disponibilidad por el Reino son diversas en la Iglesia.

Una concreción muy especial de la castidad perfecta por el Reino es la que han de asumir los clérigos que se obligan a guardar el celibato perpetuo. Esta continencia perfecta y perpetua por amor del Reino está vinculada en la Iglesia latina en forma especial al sacerdocio, por graves razones que se fundamentan en el misterio del Señor Jesús y en su misión. Al ponderar el celibato eclesiástico, el Concilio Vaticano II señala que éste «está en múltiple armonía con el sacerdocio. Efectivamente, la misión del sacerdote está integralmente consagrada al servicio de la nueva humanidad, que Cristo, vencedor de la muerte, suscita por su Espíritu en el mundo, y que trae su origen no de las sangres, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del varón, sino de Dios (Jn 1,13)»[39].

“La juventud es”: Una etapa de grandes ilusiones. La hora de las grandes decisiones. Una etapa maravillosa de la vida que hay que vivir muy bien. Recuerda que nuestra es una misión y en esta misión vamos a descubrir metas valiosas y precisas, orientaciones preciosas para nuestra vida, pero no esperes que va a bajar Dios a decírtela, no va abajar un ángel del cielo, ni mucho menos saldrá una voz del cielo llamándote por tu nombre par que te decidas seguir los pasos de nuestro Maestro, Jesucristo.

Juventud es signo de esperanza, de inconformismo que cuestiona todo. Es un espíritu de riesgo y de capacidad creativa; su aspiración más personal y espontánea en la libertad. Aprovecha todos esos valores que posees, no esperes la vejes para entregarte a al Señor, por medio de una vocación específica, la vida consagrada, religioso, sacerdotal, matrimonial, laico consagrado, etc.

El mundo es un proceso histórico, de millones de años. La vida humana es también un proceso. El hombre se va haciendo junto a sus semejantes. Los animales nacen casi hechos, capacitados para todo por los instintos. El hombre nace desvalido, y tiene que hacerse con los demás. Es profundamente dependiente de los otros para subsistir.

El hombre es de naturaleza dinámica. Cada día se está haciendo y no termina del todo de hacerse.
La juventud es fruto de este proceso dinámico de la persona humana. Así lo quiso Dios y le pareció bien. Veamos qué elementos se destacan en esta etapa:

  • Es una etapa en la que crece la interioridad, la percepción de sí mismo, la experiencia de sentirse alguien, persona, un ser con derechos, que puede decir: yo soy yo.
  • Etapa en la que el joven descubre su identidad. Se adentra en el misterio de su propio ser. Crece y se desarrollan sus caracteres sexuales, a nivel biológico, psicológico y espiritual.
  • El joven descubre también el misterio de los demás, especialmente el misterio del otro sexo que lo atrae y lo enamora.
  • El joven comienza a sentirse independiente de su familia. Y suspira por autonomía e independencia.
  • Descubre sus fuerzas ocultas, sus impulsos creadores, sus capacidades.
  • Se forma sus grandes ilusiones y proyectos. Mira la vida con mirada nueva. Mirada joven no gastada aun por los años.
  • Adquiere seguridad en sí mismo. Se siente alguien capaz de hacer algo. La juventud es todo un inmenso clamor de madurez de la persona. Muchos la consideran una “etapa crítica” y le han asignado un nombre que no deja de ser raro y negativo: la “pubertad”. Pero en realidad, es una etapa maravillosa de la vida, que hay que vivir con entusiasmo y alegría. Con mucha rectitud.

La realidad del pecado ha perturbado este maravilloso plan de Dios:

  • El joven, como todos los seres humanos, se halla profundamente condicionado por la realidad del pecado, y entonces vienen los problemas de esta etapa de vida.
  • El joven se hace por naturaleza tímido, retraído y desconfiado de sus padres. Gusta más de “la gallada” que de su familia.
  • El joven puede convenir su autonomía en una rebeldía malsana y en desprecio y burla a sus mayores.
  • El joven puede convenir su libertad en camino de esclavitud. Quiere ser libre DE, pero no libre PARA. Libertad sin responsabilidad.
  • El joven puede hacer de su hermoso proceso de integración afectiva y sexual una etapa borrascosa de pasiones desbordadas y destructivas.
  • Sus ilusiones se pueden volcar hacia ídolos; cantantes, deportes, modas, vicios, esclavitudes de diversa clase.
  • Sus grandes anhelos e inconformidades se pueden ahogar entre las ambiciones de el dinero, el prestigio, la fama, las apariencias.

El joven puede terminar rechazando todos los valores de sus mayores y de lo que pueda ejercer una autoridad sobre él. En su rebeldía puede gestarse también el rechazo de Dios, de la fe y de la vida piadosa y virtuosa.

El hombre como proyecto de vida plena: Jesús ha de ser su fundamento. El hombre es un ser comunitario. Para realizarse el ser humano necesita estar en relación con los demás, porque todos nos necesitamos. Somos lo que somos por los demás. El hombre se ha creado sobre la tierra con la ayuda de sus semejantes. Casi todo lo que nos rodea ha sido hecho por otros: vestido, casa, alimentación, libros, vehículos… todo es obra de los demás. Si viviéramos solos, nos moriríamos de hambre o de tristeza.

Tenemos mucho que aportar: nuestras capacidades, cualidades, aptitudes, están generalmente ocultas. Es necesario conocernos para saber lo que tenemos y sobre todo lo que somos. La comunidad no es una realidad ya hecha. Todos tenemos que construirla, crearla, procurar el bienestar comunitario. Crear comunidad exige al joven salir de sí mismo para entregarse a los demás. Si miramos a nuestro alrededor, nos damos cuenta de que los jóvenes generalmente están ausentes de la vida de la comunidad, escasamente se les ve participando en los eventos deportivos y nada más. Dónde nos encontramos, en la barrera? Por qué no aportar más a nuestra comunidad? Nos sentimos inferiores? Incapaces?, evadimos la responsabilidad?.

Lo que hay que desterrar: Todo aquello que impide el crecimiento humano: la apatía, la indiferencia, el egoísmo, la injusticia y opresión, “el sacar tajada” siempre en servicio propio, las rivalidades entre un sector y otro, la envidia, los odios, orgullos, la cobardía, el engaño, la competencia, las formas todas de violencia. Debemos en cambio poner al servicio de los demás nuestros talentos, todas aquellas capacidades, habilidades, aptitudes que el Señor nos ha concedido a todos para ponerlos al servicio de los demás y para el crecimiento de la comunidad. El amor a las artes y al deporte, la alegría y la espontaneidad juvenil, el inconformismo que lo cuestiona todo, su espíritu de riesgo que los lleva a compromisos y actitudes radicales; sus anhelos de libertad y rebeldía contra todo lo que es injusticia; su “sensibilidad” ante los problemas sociales y sobre todo, su fuerza y empuje juvenil que nos hace capaces de grandes tareas. Por qué no empezar hoy mismos?

CARTA DE JESÚS A UN JOVEN.

Apreciado amigo:

¿Cómo estás? Te he enviado una nota para decirte cuánto te amo y me preocupo por ti. Te vi ayer hablando con tus amigos. Esperé todo el día deseando que lo hicieras también conmigo. Te di un bello atardecer para cerrar así tu día y una brisa fresca para descansarte y esperé… pero nunca viniste. Me dolió, pero aún así te amo porque soy tu amigo.

Te vi durmiendo anoche y ansiaba tocar tu frente. Entonces derramé luz de luna sobre tu rostro. De nuevo esperé anhelando que pudiéramos hablar.

Tengo muchas cosas especiales para darte. Te despertaste tarde y te fuiste apresuradamente a trabajar. Mis lágrimas estaban en la lluvia. Hoy te ves muy triste y solo. Me duele el corazón pues te entiendo. También mis amigos me han desilusionado y me han herido varias veces. Oh, sí solo me escucharas… realmente te amo. Trato de decírtelo en el cielo azul y en la quietud del prado verde. Te lo susurro en las hojas de los árboles y lo expreso en los colores de las flores, te lo grito en las cascadas de los ríos que por las montañas dejan oír sus estruendosas aguas. También dejándoles a las aves una canción de amor para entonar, te lo digo dándote un sol cálido y perfumado, el aire con esencia de la naturaleza.

Mi amor por ti es más hondo que los océanos y más grande mi deseo que la necesidad en tu corazón. Si solo supieras cuánto te quiero ayudar. Quiero que conozcas a mi padre. El también te ama. Llámame, pregúntame, habla conmigo. No te olvides de mí. Tengo mucho que compartir contigo. No te presionaré. Es tu decisión. Yo te he escogido a ti y esperaré porque te amo…
Tu amigo…  Jesús.

La vida religiosa consiste en seguir evangélicamente a Jesucristo, en su modo histórico de vivir para Dios y para los hombres. Por eso, se define justamente como una re-presentación visible, verdadera y real (= sacramental) de Cristo-virgen-pobre-obediente en la Iglesia y para el mundo. Intenta, por lo mismo, hacer de nuevo visible a Cristo en la vivencia del misterio de su virginidad, pobreza y obediencia, que fueron las tres dimensiones más hondas de su vida humana y la expresión de su total donación al Padre y a los hombres.

Seguir a Cristo es compartir su mismo proyecto de vida y de misión, viviendo con El y viviendo como El. Por eso, implica -en respuesta a una vocación, es decir, a la iniciativa personal de Jesús- una real configuración con El y, por tanto, una consagración, ya que toda consagración se entiende en referencia directa al Consagrado, que es Cristo. Las tres instancias de esa configuración propia de la vida religiosa en que consiste su peculiar consagración, son la virginidad, la pobreza y la obediencia, tal como Cristo las vivió y con el sentido que en El tuvieron históricamente.

Debemos cultivar los ambientes en los que nacen las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, e invitar a las familias cristianas a ayudar a los hijos cuando se sientan llamados a seguir tal camino.