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SEGUNDO NOVICIADO: UNA EXPERIENCIA PREVIA A LA PROFESIÓN PERPETUA

SEGUNDO NOVICIADO: UNA EXPERIENCIA PREVIA A LA PROFESIÓN PERPETUA

publicado enero 14, 2021

El pasado Domingo 04 de enero en la casa de retiros espirituales y de convivencias “Villa Marianella”, Chinauta, Colombia; se dio apertura formal al Segundo Noviciado con una solemne celebración eucarística presidida por el P. Luis Carlos Jaime (Provincial de Bogotá) y concelebrada por los sacerdotes Carlos Humberto Pérez Triviño (Maestro de novicios – proveniente de la unidad de Chile) y el P. Jimmy Mantilla (Superior de la casa de retiros).

Este tiempo de gracia cuenta con la participación del P. Carlos Pérez, maestro acompañante y 9 jóvenes provenientes de algunas unidades de América Latina y el Caribe: Bruno Fernando Nuñez Ávila, Luis Alvarenga Pereira, Juan Alberto Nuñez Ortíz de Paraguay; Selvín María Barrios de América Central (Guatemala); Nolberto Fernández Hilario de San Juan (Republica Dominicana) y Charlie Pérez Castillo, Cristian Mauricio Aza Hernández, Óscar David Tarazona Trujillo y William José Bautista Ramírez de Bogotá (Colombia).

Cada uno de los hermanos ha llegado con gran alegría y disposición para vivir la experiencia previa a la profesión perpetua. El intercambio cultural y otra serie de aspectos enriquece este tiempo por las diferentes dinámicas y perspectivas que se han gestado dentro de los procesos formativos particulares de cada unidad. Siendo así, este segundo noviciado tiene como objetivo revisar, fortalecer y proyectar la vivencia de las dimensiones propias del ser y que hacer redentorista en vista de la consagración definitiva dentro de la Congregación.

Unido a lo anterior se rescata el ambiente fraterno que se ha venido desarrollando durante estos días, la oración, el deporte, la recreación, los espacios formativos y otros elementos han constituido una bella dinámica comunitaria como redentoristas.

La programación será trabajada por semanas como se describe a continuación:

  • Primera semana: Dimensión humano-afectiva: P. Carlos Pérez Triviño de Chile
  • Segunda semana: Dimensión comunitaria: P. Jairo Silva Jerez de Colombia
  • Tercera semana: Dimensión misionera: P. Javier Machado de Argentina
  • Cuarta semana: Dimensión espiritual: P. Cesar Torres de Perú
  • Quinta semana: Dimensión vocacional: P. Gustavo Doldan de Uruguay
  • Sexta semana: Retiro: P. Laureano Hurtado de Colombia
BEATO PEDRO DONDERS: PROFETA DE LA JUSTICIA Y LIBERACIÓN

BEATO PEDRO DONDERS: PROFETA DE LA JUSTICIA Y LIBERACIÓN

publicado enero 14, 2021

Por: P. Manuel Rodríguez Delgado, C.Ss.R.

El 14 de enero celebramos la fiesta del Beato Pedro Donders. Fue proclamado Beato por Juan Pablo II el 23 de mayo de 1982. Como podemos imaginar, hay muchos elementos técnicos en el proceso de canonización. Además de los milagros aprobados, un elemento importante en el proceso de canonización es el de la devoción popular a la persona. Creo que este programa de promoción de la devoción popular es uno de los que todos, como Familia Redentorista, debemos emprender, no solo para promover a uno de los nuestros, sino también por la valiosa contribución e inspiración que la vida de Pedro Donders ofrece a la sociedad y a la Iglesia.

Mientras leía el volumen de Espiritualidad redentorista (n. 9, en español) sobre Pedro Donders, me sorprendió una dimensión que podemos usar, y que también lo menciona el coordinador de este volumen, Padre, ahora obispo, Noel Londoño, C.Ss .R., es el llamado cristiano del bautismo de ser profetas en medio de las realidades humanas.

A lo largo de las décadas y años posteriores al contacto europeo, América Latina ha sufrido grandes cambios culturales y políticos que habrían llevado a los movimientos de independencia del siglo XIX y los trastornos sociales del siglo XX.

Pedro Donders nació en 1809, a principios del siglo XIX. Llegó como misionero a la colonia holandesa de Suriname en 1842 y trajo consigo el pensamiento político, social, moral y eclesial actual de aquellos tiempos en Europa, donde la justicia y la liberación eran ciertamente temas centrales.

Popularmente, solemos limitar nuestras referencias a Pedro Donders como apóstol de los leprosos, lo cual está justificado ya que trabajó durante 28 años, con algunas interrupciones, en el lugar llamado Batavia, creado específicamente para recibir a los leprosos en la región. Murió entre los leprosos el 14 de enero de 1887.

Pero Pedro Donders también estaba en contacto con varios grupos humanos de personas explotadas y esclavizadas, incluidos unos 40,000 esclavos concentrados en 400 asentamientos coloniales. En sus esfuerzos de evangelización, a menudo se enfrentó a la resistencia de los colonizadores “cristianos” que obstacularon su entrada a las plantaciones, incluso para administrar los sacramentos. De hecho, antes de su muerte (1887), la esclavitud en Suriname fue abolida en 1863.

Pedro Donders también se dedicó a la evangelización de los pueblos indígenas que fueron marcadamente afectados por el alcohol y otras enfermedades, como la viruela importada de los europeos. Estos pueblos eran tribus araucas, warros y guarní. Como otros evangelizadores, Pedro Donders encontró innumerables dificultades con los Caribes, también conocidos como “las pieles rojas del sur”. Es interesante observar que el Vicario apostólico durante su visita a Suriname durante el período de Pedro Donders comentó que en ese momento la mayoría de la población indígena de Suriname era católica debido y gracias a la labor incansable y pionera de Pedro Donders, “el apóstol de los nativos “.

Lo que estos hechos históricos misioneros y ministeriales subrayan es la importancia de la liberación y la justicia humana en el trabajo de evangelización. Pedro Donders fue a menudo el portavoz de la comunidad redentorista a favor de todos aquellos que fueron explotados, esclavizados y marginados. Estos incluían, además de los leprosos abandonados y marginados, los nativos y los esclavos.

Me parece que un fuerte interés para promover la devoción y el reconocimiento de Pedro Donders es ubicarlo entre las figuras de los movimientos históricos de la justicia y la liberación en América Latina, donde es pionero junto con a otros en la lista de figuras proféticas canonizadas que culminan en el siglo XX con Obispo Oscar Arnulfo Romero (canonizado el 15 de octubre de 2018).

Un ejemplo de la voz profética de Pedro Donders son sus cartas, que el coordinador del volumen de Espiritualidad Redentorista dedicada a Donders, indica que puede ubicarse entre las antologías de los testigos proféticos de la Iglesia en América Latina. En sus cartas, Pedro Donders refleja los siguientes elementos proféticos tradicionales: una visión profética de la realidad de Suriname, la denuncia de los responsables, la reacción profética a estas injusticias, la esperanza de liberación y la imposibilidad de una auténtica evangelización sin este precedente: la liberación.

Para citar solo un ejemplo de esto, tenemos una carta escrita en 1846 en defensa de los esclavos. Después de mencionar si en Surinam había al menos tantos tratamientos para los oprimidos y explotados que en Europa para las mascotas, las cosas serían mucho mejores, escribe Pedro Donders, y cito:

“¡Ay! ¡Ay de Surinam en el gran día del juicio! ¡Ay! ¡Ay! Sí, mil veces! Problemas a causa de los europeos, los dueños de los esclavos en las plantaciones, los administradores, los directores y los guardias (de todos los que dominan a los esclavos). ¡Ay de aquellos que están enriquecidos con el sudor y la sangre de los pobres esclavos, que ya no tienen otro defensor sino Dios!”

Estas fueron palabras fuertes en su tiempo como lo serían también hoy.

Que Pedro Donders sea nuestra inspiración para estar lleno de su espíritu profético y para romper las barreras de miedo y ansiedad que nos impiden vivir la dimensión profética a la que nuestro carisma nos llama como seguidores del Redentor.

EL VALOR Y EL SENTIDO DEL PERDÓN SEGÚN LA FRATELLI TUTTI

EL VALOR Y EL SENTIDO DEL PERDÓN SEGÚN LA FRATELLI TUTTI

publicado enero 12, 2021

Por: P. Antonio Gerardo Fidalgo, C.Ss.R.

Para el Papa Francisco parte de la dura constatación que nos pesa un mundo cuyas mayores sombras son la cerrazón, la fragmentación, el individualismo y las heridas deshumanizantes que nuestros estilos y sistemas de vida producen. Desde este contexto se anima a reproponer el sueño y el camino humano y cristiano fundamental: el de una «fraternidad/sororidad abierta y universal», que sea capaz de animar y sostener una «amistad social», por medio de la cual se puedan a su vez animar y sostener procesos de transformación paradigmática, con el solo fin de lograr una vida más digna y libre, en paz, en armonía entre los seres humanos, los pueblos y el ecosistema.

Con estas perspectivas propone la recuperación y el lanzamiento de una praxis de «la mejor política», animada por «el amor político» y el ejercicio de un poder local e internacional que mire más por las personas que por los meros beneficios y oportunismos. Propone la generación de una nueva «cultura del encuentro», donde «el diálogo y la amistad social» vengan a ser la motivación y el soporte fundamental para poder lograr «verdaderos consensos» en la búsqueda de la verdad y de las mejores estrategias en orden a ir más allá de la situación actual en la que el mundo se encuentra.

Es así que se llega al momento en el cual el papa trata de algunos puntos que habría que asumir para dar mayor viabilidad a su proyecto social. Es lo que afronta fundamentalmente en el Capítulo VII «Caminos de reencuentro», con la motivación que «en muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia» (FT, n. 225). Y entre las cosas que se necesitan está «el perdón» y «la reconciliación» (cf. FT, nn. 227-252).

Perdón y reconciliación, dos elementos tan importantes para la salud humana integral, tan reconocidos y valorados por no pocas religiones y sanos humanismos, pero no menos rechazados o minusvalorados, sobre todo en el plano social y sistémico.

Con realismo histórico y evangélico la Iglesia asume que los conflictos son inevitables, lo que no quiere decir que no se puedan evitar en algunos casos y que no tengan que ser necesariamente un componente esencial de las relaciones personales y sistémicas. Pero eso sí, hay que saberlos reconocer y afrontar desde una perspectiva más amplia que la mera conflictividad por la conflictividad. Dejarse animar por la dinámica del perdón y de la reconciliación, según el papa, no lleva a renunciar a la defensa de lo propio o de lo que se valora como justo, sino que «la clave está en no hacerlo para alimentar una ira que enferma el alma personal y el alma de nuestro pueblo, o por una necesidad enfermiza de destruir al otro que desata una carrera de venganza» (FT, n. 242).

El papa valoriza la realidad del perdón y de la reconciliación como elementos que contribuyen a «la paz social», a asumir de una forma distinta «la conflictividad social» y, sobre todo, a evitar el trillado camino de «la venganza» (cf. FT, nn. 243-243; 245; 251).

Tampoco propone ni un perdón fácil ni una reconciliación a cualquier precio, así como que aclara que ambos no se imponen sino que requieren de un proceso de adhesión y convicción personal. Se trata de ir hacia un plano superior de comunicación y de realización humana, en el cual se solicita el ejercicio de ciertas virtudes (cf. FT, nn. 232; 245; 246; 249). Puesto que «la verdadera reconciliación no escapa del conflicto sino que se logra en el conflicto, superándolo a través del diálogo y de la negociación transparente, sincera y paciente» (FT, n. 244).

Todo este proceso, que conduce a configurar la «amistad social», necesita como dos principios básicos para poder ser real y efectivo. Por un lado, aquel que el papa ya formulara en su texto programático, esto es, «la unidad es superior al conflicto» (EG, n. 228), el cual no supone «apostar por un sincretismo ni por la absorción de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior que conserva en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna», de modo tal que «las tensiones e incluso los que se podrían haber considerado opuestos en el pasado, pueden alcanzar una unidad multiforme que engendra nueva vida» (FC, n. 245). Por otro lado, «la memoria», ante todo «una memoria penitencial, capaz de asumir el pasado para liberar el futuro de las propias insatisfacciones, confusiones o proyecciones» (FT, n. 226), porque es la que «es garante y estímulo para construir un futuro más justo y más fraterno», puesto que «nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa» (FT, nn. 248-249). Dicha memoria, recuerda el papa, no se refiere solo a los horrores sino también a las cosas buenas. Se impone un «perdón sin olvidos», remarca el papa, de ahí que el ejercicio integral de la memoria sea necesario, memoria de las víctimas y de los victimarios, memoria para no repetir el pasado, para el aprendizaje y para ir transformando la realidad (cf. FT, nn. 250-254). En definitiva, el papa nos invita a que «renunciemos a la mezquindad y al resentimiento de los internismos estériles, de los enfrentamientos sin fin. Dejemos de ocultar el dolor de las pérdidas y hagámonos cargo de nuestros crímenes, desidias y mentiras. La reconciliación reparadora nos resucitará, y nos hará perder el miedo a nosotros mismos y a los demás» (FT, n. 78).

UNA EXPRESIÓN FRECUENTE: ‘NO TENGO TIEMPO’.

UNA EXPRESIÓN FRECUENTE: ‘NO TENGO TIEMPO’.

publicado enero 12, 2021

Por: P. José Silvio Botero G., C.Ss.R.

Solo tres palabras… Una frase tan simple, tan frecuente en las relaciones interpersonales y, sin embargo, tan dañina, tan perjudicial a diversos niveles: en las relaciones entre esposos, entre padres e hijos, entre hermanos, entre amigos. Incluso a nivel del trabajo, a nivel del servicio a otras personas. Zig Ziglar en su libro Cómo criar hijos con actitudes positivas en un mundo negativo (Bogotá 1.985) ofrece un capítulo titulado “Para un niño el amor es tiempo”(pp.109-127). 

Ziglar cuenta la historia de un niño que quería ser igual al padre: “Yo voy a ser como tú, papá”, decía el niño. El niño preguntaba al papá: “¿cuándo vuelves?”. No sé todavía, respondía el padre. “Vamos a jugar… Tú me enseñarás”, sugería el chico; “otro día, contestaba el papá; hoy tengo mil cosas por hacer…”. “Yo voy a ser como tú, papa”, repetía el niño frecuentemente. Pasaron los días… Un día el padre le dice al hijo: “hijo, estoy orgulloso de tí. Siéntate un momento y conversemos…”. Esta vez, el hijo respondió: “préstame más bien las llaves del auto… nos veremos luego”. Otro día, el padre, ya jubilado, telefonea al hijo: “me gustaría verte, si puedes venir…”. “Si tuviera tiempo, sí, me encantaría, pero en el empleo estoy ocupado; los niños están malitos…; me alegro de haber hablado contigo”, contestó el hijo. Cuando colgó el teléfono pensó aquel padre: “ha crecido y actúa como yo…; sí, mi hijo es igualito a mí”. Ya era tarde para corregir la página.

  Como este padre, sin duda que otros muchos cometen la misma falla: NO TENGO TIEMPO. No hay tiempo para jugar con el niño; no hay tiempo para salir de paseo con la familia un domingo; no hay tiempo para corregirles las tareas de la escuela; no hay tiempo para escuchar, para dialogar…  Ziglar recoge las expresiones de algunos padres de familia que intentan reaccionar y corregir la consabida frase: “No tengo tiempo”, y dicen posteriormente: “si yo hubiera sabido, habría hecho esto o aquello”; “si yo hubiera sabido que era importante para mi hijo que yo asistiera a su partido de básquet”; “si yo hubiera sabido que era importante para mi hija verla participar en la comedia del colegio…”.  Pero hoy, también las madres de familia cometen la misma falta… Con el afán de mejorar los ingresos económicos del hogar, se empeñan en trabajar fuera de casa; los niños quedan a merced de la empleada de servicio. Se sabe que en Japón, los niños, cuando terminan la jornada escolar regresan a sus casas; sobre el pecho, atada a una cuerda, tienen la llave de casa que está cerrada y sola, porque sus papás están en el trabajo, abren la puerta, van a la nevera, se sientan frente a la pantalla del televisor y comen hamburguesas… ¿No están cambiando hoy los padres de familia la calidad de educación que ellos deben dar a sus hijos, por una calidad de vida económica solamente? Los padres de familia se desviven por dar todo aquello que los niños pidan: comodidad, placer, celular, paseos, fiestas, regalos…. Dan todo a cambio de nada. ¿Es válida esta actitud?, ¿es verdaderamente formativa?. 

VACUNARSE: UNA ELECCIÓN MORAL

VACUNARSE: UNA ELECCIÓN MORAL

publicado enero 10, 2021

Por: P. Alfonso Amarante, C.Ss.R.

Ya antes del V-Day, es decir, el día en que la vacuna contra el coronavirus comenzó a administrarse de manera exponencial, en las redes sociales y otros medios de comunicación, comenzó el debate entre quienes consideran obligatorio vacunarse y entre los detractores de la vacuna y la propia obligación de profilaxis.

En los últimos días hemos recibido mucha información sobre la efectividad de la vacuna, que es difícil de manejar para quienes no son expertos en la materia. Luego hay una pequeña galaxia informativa, pero muy ruidosa, que afirma, sin datos científicos en la mano, que la vacuna no es más que un complot urdido por compañías farmacéuticas y gobiernos mundiales para controlar a las masas.

Sin querer entrar en esta estéril polémica, creo que es necesario hacer dos simples consideraciones. 1. El mundo se enfrenta a una epidemia que anuncia muerte y trastornos en el estilo de vida; 2. La historia nos enseña que las enfermedades solo se han derrotado con medicamentos y vacunas. Entonces: ¿por qué esta adversidad hacia las vacunas en general y la del Covid-19 en particular? ¿Qué comportamiento moral responsable adoptar?

Algunas orientaciones religiosas también contribuyen a confundir ideas sobre un tema tan delicado. Por ejemplo, los Amish, rechazando la modernidad, repudian el uso de medicamentos y vacunas ellos mismos. Para los seguidores de la iglesia científica, la ciencia cristiana, nacida en los Estados Unidos en 1892, todas las enfermedades deben curarse con la oración. También se encuentran posiciones contrastantes en las iglesias protestantes.

Otras negaciones religiosas hacia la vacuna se relacionan con las sustancias que contienen, como el uso de animales inmundos (para el judaísmo y el Islam) o la presencia de células de cultivo que originalmente se tomaron de fetos abortados voluntariamente. Sobre este tema, me refiero al post “La cuestión de las vacunas” y la nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe “Nota sobre la moralidad del uso de algunas vacunas anti-Covid-19”.

Para nosotros los creyentes, vacunarnos es una opción clara por el bien común, una opción moral dictada por la responsabilidad que tenemos hacia los demás hombres. La vacunación para un creyente es un deber humano, en nombre de la solidaridad social, y cristiano, en nombre de la caridad hacia uno mismo y el prójimo. En un contexto cultural donde el impulso de la interdependencia es fuerte, frente a opciones tan importantes, no deben prevalecer el individualismo y los estilos de vida autorreferenciales.

Ante una crisis de salud, no podemos anteponer el bien personal al bien común. Como creyentes estamos llamados a vacunarnos para ejercer libremente nuestra responsabilidad moral hacia los hombres.

La nota “Vacuna para todos. La vida en 20 puntos para un mundo más justo y saludable” elaborado por la Comisión Vaticana Covid-19 en colaboración con la Academia Pontificia para la Vida. En el punto n. 13 afirma: «Sobre la responsabilidad moral de la vacunación (también en base a lo dicho en el n. 3), es necesario reiterar cómo este tema también implica una relación entre la salud personal y la salud pública, mostrando su estrecha interdependencia. En este sentido, creemos que es importante considerar tomar una decisión responsable al respecto, dado que el rechazo de la vacuna también puede constituir un riesgo para otros ».

El Bien Común es una elección moral responsable compuesta por las relaciones como una forma especial de bien relacional. Dado que son las relaciones entre las personas las que constituyen el bien, por eso vacunarse se convierte en una elección moral auténticamente responsable. Frente al bien, debemos dejar de lado la lógica del yo para permitir que la de nosotros gane como una elección que nos remite al Bien único y supremo.

Fuente: Blog Acadeia Alfonsiana de Roma