Oración por la propia vocación de san Alfonso

«Oh Señor mío Jesucristo, ¿cuándo podré agradecerte por el singular favor que me has concedido al llamarme a este mismo ministerio que tú has ejercido en la tierra, ayudándote con mis escasas fuerzas para salvar el mundo? ¿Cuándo merecí honra tan grande y tanta gloria: cuando te ofendí con tantos pecados o cuando arrastré a otros a que te ofendieran? Oh Salvador mío, ya que me has llamado para que te ayudara en esta gran obra de la redención, quiero gastar en ella todas mis fuerzas, y para obedecerte estoy dispuesto hasta a dar mi sangre y mi vida si no bastan mis sudores y fatigas…

Me tengo por dichoso al considerar que me has escogido para esta gran obra. Y al consagrarme a ella, renuncio a todas las alabanzas de la gente y a toda personal complacencia, para no buscar más que tu santa gloria. Sea para u toda la honra, y para mí las incomodidades, las humillaciones y toda suerte de trabajos…

Oh María, abogada mía poderosísima, que tanto amas a las almas, asísteme y ayúdame»

(Avisos sobre la vocación religiosa, Consideración 13).