DOMINGO DE LA ASCENSIÓN

DOMINGO DE LA ASCENSIÓN

Pbro. Luis Carlos Jaime Murillo, C.Ss.R.

Ciclo A: 24 de mayo de 2020

Mt 28, 16-20

 

En este domingo la Iglesia celebra la Fiesta de la Ascensión del Señor. La liturgia nos propone como texto de meditación la última parte del evangelio según san Mateo en el que el Resucitado se aparece a sus discípulos en Galilea en un monte que Jesús les había indicado (Mt 28,16). Para el evangelista Mateo es muy importante la montaña porque evoca la figura de Moisés y del monte Sinaí, lugar donde recibe las tablas de la ley, y también, en una montaña Jesús propone las bienaventuranzas como programa de vida para los discípulos.

En este relato de la ascensión el autor del texto sagrado al ubicarlo en este ambiente de la montaña, quiere mostrar que aquello que Jesús les dice a los discípulos no se trata simplemente de un adorno literario, sino un mandato que deben realizar: es lo que denominamos el mandato misionero.

Al ascender a los cielos Jesús les deja a sus discípulos un imperativo misionero, porque Él tiene el Poder en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan discípulos a todas las gentes (Mt 28, 18).  Con estas palabras Jesús quiere que el anuncio misionero de los discípulos sea incluyente y no tiene que quedar reducido solamente a un grupo reducido de personas. La Iglesia no es una secta en la que están los “buenos”, sino que ella tiene las puertas abiertas a todas las gentes de buena voluntad.

Un elemento importante del anuncio misionero está en el trabajo que tienen que realizar los discípulos: bautizar en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28,19). Esto quiere decir, sumergirlos en la misma vida de la Santísima Trinidad y hacerlos partícipes de la vida de Dios. Para entrar en la vida de Dios no hay prerrequisitos, ni hay que presentar documentos…

Otro aspecto del mandato misionero está en la enseñanza y fidelidad a todo aquello que habían aprendido del Maestro (Mt 28, 20). Los discípulos tienen que ser auténticos portadores no de una ideología, sino de una Buena Noticia que salva y libera de todas las ataduras del pecado y de la muerte.

El episodio de la Ascensión culmina con una promesa por parte del resucitado: yo estaré día tras día, hasta el fin del mundo (Mt 28, 20). Es la promesa de la presencia permanente del Resucitado en medio de los suyos y de quienes acepten el anuncio misionero y se adhieran a su proyecto.

El mensaje de la Ascensión del Señor a los cielos nos invita a ser optimistas, mirar el futuro con alegría, ser responsables de la transformación del mundo con nuestras palabras y ejemplos, aportar lo mejor de cada uno para que todos tengan mejores condiciones de vida. Los cristianos son los continuadores de la obra misionera de Jesús y de sus discípulos en una sociedad que necesita palabras de esperanza y de consuelo. No podemos olvidar que su presencia siempre está en todos los lugares del mundo, pues allí donde haya un ser humano, está la presencia viva de Jesús.

La situación por la que estamos atravesando los seres humanos actualmente, nos invita a ser creativos e innovadores, a buscar nuevas formas de comunicarnos y de relacionarnos. Jesús al subir al cielo nos invita a no mirar el pasado con nostalgia, sino a vivir el presente con realismo y a mirar el futuro con optimismo. Superada esta pandemia el mundo no será el mismo, por lo tanto, tenemos que tener la confianza de que no estamos solos, sino que tenemos la presencia permanente de Jesús entre nosotros y que Él nos dará la sabiduría para asumir nuevos retos.

Finalmente, no podemos estar ajenos a las necesidades de los demás, especialmente de los más pobres. Cada día encontramos personas que piden ayuda y no podemos ser sordos a sus clamores. Estamos llamados a compartir y ser solidarios con quienes tienen menos que nosotros. No podemos encerrarnos en nuestras comodidades y mirar desde las ventanas de nuestras casas la miseria que padecen nuestros hermanos.