DOMINGO DEL CUERPO Y SANGRE DEL SEÑOR

DOMINGO DEL CUERPO Y SANGRE DEL SEÑOR

Leiner de Jesús Castaño García, C.Ss.R.

14 DE JUNIO DE 2020

Jn 6, 51-58

Celebramos hoy la Solemnidad litúrgica del Cuerpo y Sangre del Señor. Esta es una fiesta muy querida por nuestros pueblos. Con frecuencia y en circunstancias normales se hace la procesión con el Santísimo, se ubican altares con frutas y otros elementos del campo en actitud de agradecimiento y devoción.

El misterio de la presencia eucarística no es un invento de la Iglesia, lo atestiguan los evangelios. Los sinópticos, Mateo, Marcos y Lucas, traen sendos textos de institución: Mt 26, 26-29; Mc 14, 22-25; Lc 22, 19-20 . El testimonio de Pablo es bien significativo en 1 Co 11, 17 ss. En síntesis la voluntad de Jesús es quedarse en un abrazo, en un signo de amor, en unos elementos bien concretos: el pan y el vino, lo mismo que la comunidad que será su presencia resucitada.

Y el cuarto evangelio, o evangelio de Juan ¿qué dice de la institución? No encontramos un texto paralelo con los evangelios sinópticos. En el capítulo 13 habla del lavatorio de los pies, mandato de servicio a sus discípulos y lo hace dentro del contexto de la Cena Pascual. Jesús estará presente en aquellas personas a las cuales les sirvamos, como lo dice, en otro orden de ideas, en Mt 24, 31 ss.  También, como discípulos suyos, tendremos la misión de lavar los pies a los demás, particularmente a los pobres, sencillos, excluidos y en general a todos aquellos que necesiten de nuestra ayuda.

Juan tiene un largo capítulo sobre el Pan de Vida, su capítulo sexto; parte de la multiplicación de los panes y los peces.  El mensaje es que Jesucristo, como Palabra, es alimento de todos los que andamos hambrientos por este mundo buscando un sentido a nuestra existencia. Sin embargo, el capítulo sexto trae los verbos usados por los otros evangelistas para fundamentar la Eucaristía: tomó el pan, dio gracias, lo repartió (Jn 6, 11).

En el texto que nos presenta la liturgia de este domingo, en los versos 51-58, el evangelista, muy a su estilo, habla de dos realidades: comer su cuerpo en sentido real (no somos antropófagos) y comer su cuerpo como alimento que da vida. En otros textos Juan habla del agua (H20) y Jesucristo como el agua; el nacer físico (¿volver al vientre de la madre?) y el nuevo nacimiento por el bautismo, etc.

Si bien el texto de hoy no es suficiente para una fundamentación del sacramento de la Eucaristía, sí hace referencia a este sacramento porque en ella nos alimentamos de Jesucristo con su Palabra, con el pan y el vino consagrados, con la fraternidad en la reunión de la Asamblea o “synaxis” o reunión de los creyentes.

Jesús nos habla de habitar en Él y permanecer en Él. Es recibir su vida aquí en la tierra, y recibir la vida eterna, pues Jesucristo nos resucitará en el último día. El maná dado por Moisés en el desierto alimentó provisionalmente, pero Jesucristo es el nuevo maná, el nuevo alimento que da sentido pleno en este mundo y total plenitud en la vida eterna.

¿Qué le dice este texto a nuestro pueblo en confinamiento y que quiere liberarse del “covid 19”? Hemos vivido en este tiempo una escasez de comida; el Gobierno Nacional y local en las diferentes ciudades y pueblos, no da abasto a tanta necesidad. También nuestra gente anda hambrienta por volver a los templos y poder recibir el cuerpo de Jesucristo.

Este texto de Juan 6 nos sirve muchísimo en el momento actual pues nos pone frente a Jesucristo que da sentido a nuestras dificultades, luchas, problemas, incertidumbres, enfermedades e incluso posibilidad de salir de este mundo antes de lo que imaginamos. Se necesita una confianza total, una fe en Jesucristo. Es lo que les pidió a las mujeres y hombres de su tiempo: “No solo de pan vive el hombre” (Dt 8,3) “Obren, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que les da el Hijo del hombre, porque a Éste es a quien el Padre Dios ha marcado con su sello” Jn 6, 27.

Jesús terminó su discurso y muchos no comprendieron y lo dejaron. Es que comer su cuerpo y beber su sangre es hacer comunión con Él, con sus palabras, con su vida y proyecto de Reino de Dios. Los seres humanos, con frecuencia, queremos las cosas fáciles, superficiales, sin mucho esfuerzo. Piensa Jesús que se quedará solo y les pregunta a sus discípulos “ustedes también quieren marcharse” Pedro dice: “Señor, ¿Donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios” Jn 6, 68. La fe de Pedro tiene que ser la de nosotros hoy. El momento nos centra más en la Palabra que en el sacramento, por la imposibilidad física de comulgar la mayor parte de nuestros fieles. Llegará el momento en que lo puedan hacer sacramentalmente. Por ahora adoraremos al Señor “en Espíritu y en verdad” y anhelaremos con mayor fuerza la celebración eucarística, el sacramento del amor. Pero la Eucaristía, que tiene proyección social, nos debe llevar a los pobres, en estos momentos a repartir el pan material en tantas mesas familiares que no lo tienen; no tenemos que esperar a celebrar la misa para comprometernos con los pobres, lo podemos y lo debemos hacer ¡ya! Vendrá después la celebración y vendrá la unión definitiva con Jesucristo después de nuestra muerte en la resurrección, en la Vida Eterna, en el abrazo del Padre.