DOMINGO PRESENTACIÓN DE JESÚS

DOMINGO PRESENTACIÓN DE JESÚS

Pbro. Luis Alberto Roballo, C.Ss.R.

Lucas describe con amplitud el acto religioso de la purificación de María y la Presentación de Jesús como Primogénito de Israel en el Templo de Jerusalén. En ambiente festivo lo celebramos en la popular Fiesta de la Virgen de la Candelaria. La familia constituida por José, María y su niño había cumplido un mes antes, a los ocho días del nacimiento, el rito de la circuncisión de su hijo, como signo de pertenencia al pueblo de Abraham. En esa ocasión recibe el nombre de Jesús, “Yahweh salva” como programa de su vida anunciado de modo extraordinario y confirmado por señales sobrenaturales.

Hoy a los cuarenta días del nacimiento, la presencia en el templo de esta familia israelita desborda los límites de un acto ritual prescrito por las tradiciones recogidas en el Levítico 12. Y se concreta en el número simbólico de 40 días como tiempo de Éxodo que culmina con la entrada en la tierra prometida. El Templo es la mejor expresión del lugar que Dios mismo se ha escogido para encontrarse con su pueblo. Físicamente se trata de la enorme mole construida por Herodes durante un cuarto de siglo y aún en obras en los años de infancia de Jesús. Ya estaba la solemne escalinata de cincuenta escalones de piedra que conducía a la puerta de acceso al patio de Israel, del que era excluido bajo amenaza de muerte todo extraño no perteneciente al pueblo de Israel.

De este patio se pasa al exclusivo patio de los Sacerdotes, el lugar de los ritos como el que hoy conmemoramos.
Es muy fuerte el contraste entre los suntuosos espacios del templo y la ofrenda que lleva la familia: las dos palomas indican que sin ser pobres pertenecen a una clase sencilla y humilde.

Lucas presenta a continuación escenas que desbordan el rito de la presentación y le dan una proyección profética. Algunos teólogos ortodoxos cantan y exaltan a María ejerciendo el acto sacerdotal de ofrecer a su Hijo Primogénito. Y la Teología Católica recoge la riqueza del texto presentando el Universalismo de la fe como “Luz de las Naciones y Gloria del Pueblo de Israel”. Lucas describe con amplitud este acto cultual en el templo de Jerusalén; la Ciudad Santa ocupa un lugar eminente en este evangelio (cf. Ex 13, 2; Lv 12, 2). Ya al principio del evangelio aparecen el universalismo, en boca de Simeón (v. 32), y el anuncio de que el mesías sería «blanco de contradicción», situación que afectaría también a la madre del mesías (v. 35).

Las figuras de Simeón y Ana han sido especialmente comentadas el diversas ocasiones y documentos por el Papa Francisco como modelos de una vida religiosa profética que integra no solamente ideas, sentimientos y manifestaciones rituales sino que también toma en brazos la persona de Jesús y habla de Él: “Cuánto bien nos hace, como Simeón, tener al Señor «en brazos» (Lc 2,28). No sólo en la cabeza y en el corazón, sino en las manos, en todo lo que hacemos: en la oración, en el trabajo, en la comida, al teléfono, en la escuela, con los pobres, en todas partes… Encontrarse en Jesús como hermanos y hermanas, jóvenes y ancianos, para superar la retórica estéril de los «viejos tiempos pasados» —esa nostalgia que mata el alma—, para acabar con el «aquí no hay nada bueno». Si Jesús y los hermanos se encuentran todos los días, el corazón no se polariza en el pasado o el futuro, sino que vive el hoy de Dios en paz con todos. (Papa Francisco, homilía del 2 de febrero de 2018).

En 1997, San Juan Pablo II instituyó la Jornada Mundial de la Vida Consagrada que se celebra el 2 de febrero como acción de gracias al Señor por el don de la Vida Consagrada de tantos religiosos, religiosas y lacos que dedican sus vidas al servicio de Dios y de sus hermanos. Que esta ocasión sea también oportunidad para renovar la alegría de recibir a Criso como lo hicieron Simeón y Ana y presentarlo ante su Padre y ante el mundo como lo hicieron María y José como Luz que ilumina a todas las naciones y a toda persona que lo recibe y se convierte en anunciador del Redentor que es la Luz del Mundo.