DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO

 Pbro. Laureano Hurtado Castaño, C.Ss.R.

12 DE JULIO DE 2020: Ciclo A

 Mt 13, 1-23

Y SALIÓ EL SEMBRADOR

Canto El Viñador (Gabaraín)

 

Por los caminos sedientos de luz
levantándose antes que el sol
hacia los campos que lejos están
muy temprano se va el viñador.
No se detiene en su caminar
no le asusta la sed ni el calor
hay una viña que quiere cuidar
una viña que es todo su amor.
Dios es tu amigo, el viñador
el que te cuida de sol a sol
Dios es tu amigo, el viñador
el que te pide frutos de amor.

Él te protege con un valladar
levantado en tu derredor
quita del alma las piedras del mal
y ha elegido la cepa mejor.
Limpia los surcos con todo su afán
y los riega con sangre y sudor
dime si puede hacer algo más
por su viña el viñador.

Por los caminos sedientos de luz
levantándose antes que el sol
hacia los campos que lejos están
muy temprano se va el viñador.
Solo racimos de amargo sabor
ha encontrado en tu corazón
dime si puede esperar algo más
de su viña, el viñador.

 

Qué bella parábola la de este domingo XV del tiempo ordinario para revisar el modo como dejamos crecer en nuestra vida la Palabra sembrada por el Padre Dios. Una buena forma, esta metodología de Jesús, para hacernos comprender y entender su mensaje, su Palabra, sus sentimientos y su misma misión.

Hoy es un buen momento para preguntarnos ¿De qué parte nos situamos? ¿Al borde del camino de la Palabra o dentro de ella? ¿En la superficialidad o en la profundidad de las cosas? ¿Abrumados por las dificultades de las zarzas de nuestra vida o liberados de aquellas que nos impiden abrirnos al Misterio de Dios? Avanza el mes de julio y también el Tiempo Ordinario con el que vamos descubriendo, siguiendo y escuchando del mismo Jesús la invitación a seguirle y a seguir produciendo los frutos que el mundo hoy necesita y de los cuales dependerá la vida abundante y copiosa para todos.

En estos tres próximos domingos, incluido el de hoy, vamos a meditar tres parábolas conocidas como las parábolas del Reino. ¿Qué es lo que buscan? Creo que ante todo nos quieren sensibilizar y nos interpelan seriamente en el modo como debemos vivir nuestra fe y la manera de transmitirla a los demás.

Tantas cosas que recibimos a diario del buen Dios. Reconocerlo es además de ser agradecidos es aceptar que sin él poco o casi nada podemos realizar. Lo triste es que hay algunos que dicen que no; que todo lo que son, adquieren, mueven y disfrutan, es fruto de la casualidad o del propio esfuerzo.

Nosotros en cambio sabemos que Dios dirige como nadie esta complicada maquinaria del mundo y que, nada de lo que acontece en él, ocurre sin su consentimiento.

Dejemos pues que con la ayuda del Espíritu la parábola penetre en nuestro interior y abiertos a la palabra nos comprometamos a ser esa tierra abonada y fértil capaz de producir el ciento que Dios nos pide. Salió el sembrador a sembrar y, encontró a personas como nosotros. Es que somos campo donde Dios quiere sembrar y estamos también llamados a ser sembradores a la vez.

¡Somos siembra y sembrador!

Desde el día de nuestro Bautismo, el Señor, puso en nosotros la semilla de la fe. Y con los años, en el campo de nuestra vida espiritual, el Señor ha ido depositando, una y otra vez, semillas de su amor, de su Eucaristía, del Sacramento de la Reconciliación.

Y llegados a este momento de nuestra vida nos pregunta el Señor. ¿Qué frutos estamos produciendo? ¡Aquí nos tienes! Lo intentamos; queremos ser de los tuyos, pero vivimos a nuestra manera; queremos dar la cara por ti, pero tenemos miedo a que nos juzguen o hablen mal de nosotros; nos gustaría anunciar tu Reino, pero preferimos dejarnos llevar de lo fácil, de las preocupaciones del momento, o de las redes sociales tan a la mano en estos días de confinamiento dejándonos seducir por los anuncios de bienes pasajeros.  Es así, amigos; nuestra vida cristiana ha estado muy acostumbrada a recibir. ¿Y qué damos? Nos gustaría estar siempre esperando que hagan por nosotros, pues es más cómodo. Fiarse de Dios, confiar en él, ponernos con toda confianza en sus manos parece que no es nuestro ideal.

Nuestra vida, no puede conformarse con mirar hacia el cielo; con esperar a que todo se nos dé desde arriba. Hemos recibido tanto y, en justicia y por contraprestación, por amor a Dios y por coherencia, hemos de brindar algo de lo mucho que Dios nos da. ¿Lo intentamos?

Tal vez sea este el momento para que revisemos unos y otros nuestra responsabilidad en la siembra y en la cosecha que Dios, la Iglesia y el mundo esperan de nosotros.

Para ustedes padres de familia ¿por qué no se comprometen un poco más en la educación cristiana de sus hijos?

Para ustedes Sacerdotes y consagrados ¿anuncian el Reino con todas las consecuencias o lo hacen de una forma dulce y descafeinada para no herir sensibilidades? ¿Tal vez –como dice Papa Francisco- más funcionarios que consagrados?

-Y ustedes que son políticos o tienen algún cargo de responsabilidad ¿Lo hacen para todos o sólo para algunos?

– jóvenes ¿sienten en sus vidas algo más que la pura apariencia, las prisas, el disfrute o la fiesta?

-Los que son niños ¿se dan cuenta de lo mucho que otros hacen por ustedes?

Un campo, un sembrado que se descuida, se llena de maleza y los frutos al final serán muy pobres.

Tenemos que hacer todos, algo más. ¡Hemos recibido tanto! Y llegará el día de la cosecha y sería muy triste que solo presentáramos las manos vacías, sin resultados, sin haber logrado el propósito para el cual Dios Padre y Sembrador nos creó.

Cada día sigue saliendo el Sembrador y sigue mirando estos vastos campos. El Señor, sigue observando a los creyentes y ¡cuánto espera de ellos! ¡Cuánto espera de nosotros!

¿Estamos dispuestos hacer algo por Cristo? Miremos a nuestro alrededor. ¡Cuántas personas sin ilusiones! ¡Cuántos corazones que palpitan con todo y de todo, menos con Dios! ¡Cuánto maligno disfrazado de bienestar aparente!

Sí, amigos; a tiempos difíciles, – y estos después de la pandemia sí que lo son- cristianos valientes y convencidos. En tiempos inciertos y de incredulidad; hombres y mujeres que sepan en quién creen, por qué y para qué. Hay que huir del “cristiano sin compromiso” y lanzarnos con todas las consecuencias, con audacia y entusiasmo, a la siembra de Cristo en el mundo. Y es que, un domingo más, sale el sembrador y malo sería que nos encontrara despreocupados y enredados en propuestas equivocadas. Feliz Domingo.