DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO

 Pbro. Rosendo Afanador Mejía, C.Ss.R.

Ciclo A: 19 DE JULIO DE 2020

Mt 13, 34-43

 

EL REINO QUE DIOS QUIERE: tolerancia y misericordia

Apreciados hermanos. La Palabra de Dios es siempre una oportunidad para profundizar y fortalecer nuestro compromiso de vida cristiana. El evangelio que leemos hoy nos muestra que la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios sobrepasa las expectativas de sus contemporáneos y comunica una nueva imagen del rostro de Dios y una manera distinta de ser ciudadanos de su Reino. Esa es la razón de ser de las parábolas del evangelio de este domingo.

A lo largo de la historia el ser humano siempre ha vivido una inclinación al individualismo, egocentrismo, avaricia, triunfalismo y a conquistar poder, naciones, ciudades, dinero, conciencias, personas etc, aun cuando el camino sea el de la imposición el abuso, el maltrato e incluso la muerte. Estos modelos de vida le han hecho daño a la vida cristiana que en determinados momentos se ha dejado seducir por la sed de poder, la vanagloria y en algunas ocasiones el de imponer un estilo de vida a toda la sociedad. Es una mentalidad que ha lograda calar en el corazón de esta humanidad y en el de un buen número de cristianos que se guían por sistemas morales de lo puro y lo impuro, malo y bueno o reafirmando que los conflictos se solucionan por la vía de la fuerza o en ocasiones la violencia, sin dar espacio para discernir las decisiones y las consecuencias que los actos puedan tener en el prójimo.

Esa es la reacción de los criados cuando ven que hay cizaña en medio del trigo: “¿Señor, quieres que vayamos a arrancarla?”. Con frecuencia nuestras reacciones o juicios llevan una fuerza de impaciencia o intolerancia muy alta, frente a lo adverso o lo que consideramos pecado e imponemos nuestra propia justicia. Hemos llegado a tener tan claro cómo debe funcionar el mundo, quien tiene derecho y quien no, quien es digno o indigno, quien está en pecado y quien se salva y quién se condena.  Nos consideramos tan perfectos que no dudamos en sugerirle o darle órdenes a Dios, como estas: ¿Señor porque no arrancamos la cizaña?, o a veces asumimos la propuesta de Jacobo y Juan, que le dijeron al Señor: ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo y los consuma? (Lc 9, 54). Es desconcertante que en nuestra sociedad y aun de los cristianos escuchemos frases tan lapidarias como la de Jacob y Juan, frente a las situaciones sociales que vivimos en nuestra querida patria colombiana.

Pero la palabra de Jesús a través de las parábolas del trigo y la cizaña o de la levadura es una propuesta de vida cristiana que se aleja bastante de la lógica del ser humano. Jesús propone a la gente y a sus discípulos que el Reino de Dios se construye a partir de una mentalidad distinta; es reconociendo la vida y lo nuevo que está germinado a cada instante dentro y entorno a nosotros mismos; pudiéramos decir que exige la espiritualidad de lo pequeño.  Además la lógica que propone Jesús pide paciencia y tolerancia, esta es la novedad del Reino de Dios.

Dice el Papa Francisco: “Dios sabe esperar. Él mira el «campo» de la vida de cada persona con paciencia y misericordia: ve mucho mejor que nosotros la suciedad y el mal, pero ve también los brotes de bien y espera con confianza que maduren. Dios es paciente, sabe esperar”.

Esta humanidad necesita cristianos tolerantes, pacientes y conscientes de que el mal no es obra de Dios, pero que la fuerza del bien siempre estará rodeada de maldad. Los cristianos no estamos exentos de los ataques del mal, por más que nos dediquemos a obrar el bien. Se nos invita hoy a contemplar y aprender del amo de la parábola, que es la imagen de un Dios que sabe que en el corazón del ser humano hay una inclinación a la cizaña y al mismo tiempo una sed infinita de Él, por eso el amo no permite violentar la cizaña, pues él cree que puede llegar a ser trigo, dice el Papa Francisco. Esta esperanza que da Dios es lo que hace posible que los seres humanos, las familias, los grupos sociales hagan procesos de reconciliación, de transformación. La opción de Dios es siempre por el ser humano, confía en nosotros, espera de nosotros. Los juicios de Dios no son apresurados, él no se deja impresionar por el mal, sí se conmueve del dolor que experimenta el pecador. Sus ojos están en la persona y no en su pecado. Sin embargo, el amo da un plazo: “Déjenlos crecer juntos hasta la siega y allí se quemará la cizaña”.

Apreciados hermanos: la misión de nuestra Iglesia católica y de los cristianos es extraordinaria, aunque sin desconocer que es exigente. Extraordinaria porque se trata de contribuir al fortalecimiento de una sociedad que ponga al primer puesto la vida de las personas, por encima de los intereses particulares, que casi siempre terminan por “arrancar” no la cizaña, sino la posibilidad de vivir dignamente a un alto porcentaje de personas vulnerables de esta sociedad.

Exigente porque implica más vida espiritual, más intimidad con Dios, para dar espacio en el corazón al Espíritu Santo, pues solo en él y por él encontraremos la sabiduría para ser testigos de un Dios paciente y tolerante. Cuanto bien podemos hacer los cristianos en esta sociedad que cada vez pareciera guiarse por la ley del más fuerte. Ser ciudadanos del Reino, trabajar para Dios, ser cristiano es asumir compromisos de tolerancia que humanicen y dignifiquen. Les propongo acoger alguno de estos compromisos como fruto de la meditación de la Palabra de hoy:

  • Acoger y respetar las personas que piensan, actúan o simplemente son diferentes por sus costumbres, tradiciones, raza, género, nación, lengua etc.
  • No justificar la violencia o la agresión venga de donde venga.
  • No creer que nuestras creencias nos dan el derecho de dividir el mundo entre buenos y malos.
  • Hacer opciones que ayuden a cuidar la casa común.

Que Dios y María Santísima le den la gracia a esta humanidad para ser más paciente y tolerante en medio de la diferencia.

Apoyado en:

  • Citaciones del Papa Francisco
  • Lectio Divina tomo 13
  • José Antonio Pagola