DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

Ciclo A

Pbro. Leiner de Jesús Castaño García, C.Ss.R.

 27 DE SEPTIEMBRE  DE 2020

 Mt 21, 28-32

 

UN SÍ DE PALABRA Y DE OBRA

Nos preguntamos: ¿qué pasó en el templo antes de la escena de hoy? El día anterior Jesús ha entrado triunfal a Jerusalén. Ha purificado el templo sacando a vendedores y cambistas. En el mismo templo curó a ciegos, cojos y otros enfermos, lo hizo en contra de la ley religiosa. Jesús consigue la indignación de los sacerdotes judíos. A Jesús le preguntan por su autoridad, Jesús les devuelve una pregunta sobre el bautismo de Juan a la que ellos no responden; tampoco Jesús responde con qué autoridad hace las cosas.

Ahora sí nos vamos acercando al texto de hoy. Jesús contraataca con la parábola evidente de los dos hijos, uno dice que no va a trabajar, pero lo hace; en cambio el otro dice que sí, que con gusto va a la viña, pero en realidad ni se asoma al campo; de palabra le dice al papá que va, en la práctica no. Jesús les pregunta a los sacerdotes y ancianos una cuestión cuya respuesta es evidente, ellos no tienen más que responder lo evidente, lo lógico.

Comentando la parábola dice José Antonio Pagola: “… el mensaje de la parábola es claro y fuera de toda discusión. Ante Dios, lo importante no es «hablar» sino “hacer”; lo decisivo no es prometer o confesar, sino cumplir su voluntad. Las palabras de Jesús no tienen nada de original. Lo original es la aplicación que, según el evangelista Mateo, lanza Jesús a los dirigentes religiosos de aquella sociedad: «Les aseguro: los publicanos y las prostitutas les llevan la delantera en el camino del reino de Dios». ¿Será verdad lo que dice Jesús?” hasta aquí el teólogo José Antonio Pagola[1].

Nos preguntamos nosotros por las palabras de Jesús, tan fuertes frente a unos grupos que al parecer eran muy religiosos y muy cercanos a Dios. Los escribas conocen muy bien los textos del Antiguo Testamento, la ley judía, la enseñan, se precian de cumplirla. Hablan continuamente de Dios. Los sacerdotes que sirven al templo no cesan de dirigir a JHWH sus oraciones de alabanza, a través de los salmos especialmente. Aparentemente están haciendo lo que Dios quiere. Pero en la práctica, no tanto. Los cobradores de impuestos y las prostitutas no hablan de Dios, pero al final, superan a los estudiosos y predicadores de Dios. Prostitutas y recaudadores eran humillados, excluidos por su conducta y, sin embargo, en el fondo están abiertos a Dios pues conocen la situación de los excluidos. Los sumos sacerdotes y escribas son pedantes, con un ego altísimo, humillan y en el fondo no hacen el querer de Dios por su vida íntima que no es tan santa como parece que es.

Comentando esta parábola dice José Luis Sicre, escriturista y teólogo español: “La historieta que propone Jesús es tan fácil de entender que sus enemigos caen en la trampa. Un padre y dos hijos. ¿Quién cumple la voluntad del padre? ¿El hijo protestón y maleducado que termina haciendo lo que le piden, o el hijo amable y sonriente que hace lo que le da la gana? La respuesta es fácil: el primero. Lo importante no es decir palabras bonitas; tampoco importa protestar mucho. Lo importante es hacer lo que el padre desea. «Obras son amores, y no buenas razones»… Dicho con las palabras hirientes del evangelio: es preferible ser prostituta o ladrón, si al final te conviertes, que pertenecer a cualquier organización o institución religiosa y ser incapaz de convertirte”[2]. Hasta aquí José Luis Sicre.

Forma parte de la condición humana la fragilidad, debilidad, pecado. Ese no es el problema, Dios Padre nos ama así; por algo envió a su Hijo Jesucristo para que nos indicara un camino diferente al que llevábamos. Por eso Jesús anunció el Reino de Dios. Para aceptarlo es necesario convertirse. Este paso requiere fe, humildad, aceptación de que Dios ni se engaña, ni nos engaña. El problema es cuando por nuestro ego, por nuestros mismos problemas y pecados nos sentimos autosuficientes y no damos el paso a la conversión. La parábola de Jesús invita a un cambio de mentalidad y de vida.

El primer hijo dijo que no iba a trabajar: estaba cansado, tenía otras prioridades, pensaba en sí mismo, era rebelde, no lo sabemos; lo que sí nos enseñó Jesús es que recapacitó y pensó en su padre, en la necesidad de ser útil y trabajar en lo que finalmente sería suyo si pensamos en la herencia. Dios se apiada de los corazones humildes que piden perdón y que ponen todo su empeño en colaborar en el proyecto del Reino de Dios. Fue precisamente lo que no hicieron los ancianos y sumos sacerdotes. Los recaudadores de impuestos y prostitutas se convirtieron, cambiaron de vida y eso es lo que cuenta, aventajaron a los dirigentes religiosos. La verdadera voluntad del Padre la hacen aquellos que traducen en hechos el evangelio de Jesús: son humildes, reciben el perdón y se convierten en mensajeros del amor y la misericordia. Buen proyecto para todas y para todos[3].

[1] https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/12169-las-cosas-no-son-siempre-lo-que-parecen.html

[2] https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/12175-semana-santa-en-septiembre.html

[3] Este texto es utilizado también como reflexión en el programa radial: “Notas humanas y divinas” de este domingo 27 de septiembre de 2020.