QUINTO DOMINGO DE CUARESMA

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA

29 de marzo de 2020

Ciclo A: Jn 11,1-45

Pbro. Jesús María Ortiz Orozco, C.Ss.R.

En el día de hoy la Iglesia católica en su pedagogía litúrgica invita a todos sus miembros a celebrar el quinto domingo de cuaresma. De este modo, se evidencia la proximidad de la fiesta pascual, pues la cuaresma es el tiempo propicio para que el cristiano católico se prepare de forma adecuada para la celebración del misterio pascual: pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Esta breve reflexión está centrada en el Evangelio según san Juan 11,1-45. Allí se encuentra el relato de la resurrección de Lázaro. Con este episodio el cuarto evangelio presenta el séptimo signo hecho por Jesús de Nazaret.

El evangelista Juan hace énfasis en los signos de Jesús, no en los milagros, demuestra que el regalo maravilloso de la vida es el resultado de los encuentros de Jesús en el Evangelio. Los siete signos manifiestan de qué manera Jesús está a favor de vida:

  1. Jesús convierte el agua en vino (Jn 2,1-11): ha traído alegría a la pareja que comienza su vida matrimonial.
  2. Jesús sana al hijo de un oficial del rey (Jn 4,46-54): ha dado la salud al niño en peligro de muerte.
  3. Jesús sana al paralítico de Betzatá (Jn 5,1-18): ha restaurado la salud al adulto sometido por la parálisis.
  4. Jesus da de comer a una multitud (Jn 6,1-15): ha dado pan al pueblo hambriento.
  5. Jesús camina sobre el agua (Jn 6,16-21): ha dado ánimo a sus discípulos confundidos en medio de la tempestad.
  6. Jesús sana a un hombre ciego (Jn 9,1-41): ha abierto los ojos al ciego de nacimiento.
  7. Jesús le devuelve la vida a su amigo Lázaro (Jn 11,1-45): ha dado la vida a un difunto y la alegría a sus hermanas.

Estos signos no son narrados sólo para contemplar el ser y el quehacer de Jesús, el autor sagrado al escribirlos también quiso que sus lectores creyeran en Jesucristo, que se revelaba, por eso él mismo dice: “Jesús hizo otros signos en presencia de sus discípulos que no están registradas en este libro. Pero estos signos se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida” (Jn 20,30-31).

En este sentido se afirma que la fe es el resultado de los signos. Por eso Jesús los realizó en unas circunstancias que pudieran favorecer esa fe lo más posible. Por ejemplo, en el texto de hoy le dice a sus discípulos: “Lázaro ha muerto y me alegro por ustedes de no haber estado allí, para que crean” (Jn 11,14-15). También se resalta la profesión de fe que hizo Marta en este relato, cuando Jesús se autorevela y la cuestiona: “Entonces Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto? Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo” (Jn 11,25-27).

Al presenciar el signo de la resurrección de Lázaro, al igual que sus parientes y amigos, el lector está invitado a creer en Jesús: “Muchos de los judíos que habían ido a acompañar a María y que habían presenciado lo hecho por Jesús creyeron en él” (Jn 11,45).

El tema de la fe es amplio y ha sido motivo de grandes reflexiones teológicas, sin embargo, he aquí unas líneas sencillas sobre cinco formas equivocadas de creer:

  • La fe de emergencia

Esta fe no tiene en cuenta el compromiso. La poseen las personas que acuden a Dios sólo cuando hay que lanzar un S.O.S. Sólo se busca los milagros del Señor, pero no al Señor de los Milagros.

  • La fe a su propio gusto

Esta manera de creer parte de lo que satisface y agrada al ser humano y no de la responsabilidad que tiene cada cristiano. Se queda con la estrella de Belén y rechaza la Cruz del Calvario. Se prefiere al Cristo glorioso y se ignora a Jesús crucificado.

  • La fe de las emociones

La persona que cree de esta forma le responde a Dios cuando quiere. Una frase típica. “Hago oración y voy a la eucaristía cuando me nace”.

 La fe de las actividades sociales

Esta fe es manifestada sólo por cumplir un compromiso social sin tener en cuenta que la celebración es esencialmente religiosa. Un ejemplo claro se evidencia en los “católicos” que sólo van a la eucaristía en la ceremonia de los matrimonios de los amigos y familiares.

  • La fe de las creencias

Es una fe que se inspira en el credo, pero también tiene en cuenta la superstición. Hay personas que celebran la mayoría de los sacramentos, creen en Dios, pero en sus casas tienen la mata de sábila, la herradura y además les gusta que les adivinen el futuro por medio de la lectura de las cartas.

En contraste a estas maneras equivocadas de creer se puede encontrar el esfuerzo de la Iglesia para orientar a sus fieles a creer de modo adecuado. Un ejemplo para mencionar es el siguiente: En el año 2011, el Papa Benedicto XVI escribió una carta llamada Porta Fidei para convocar a la Iglesia a celebrar del año de la fe (2012), en el numeral 13 expone algunos ejemplos que ayudan al creyente de hoy a vivir de manera adecuada su fe:

Por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía, poniendo en común todos sus bienes para atender las necesidades de los hermanos (cf. Hch 2, 42-47).

Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había trasformado y hechos capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perdón de sus perseguidores.

Por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar. Por la fe, muchos cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para hacer concreta la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos (cf. Lc 4, 18-19).

Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 7, 9; 13, 8), han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban.

También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia.

Con lo anterior surgen estas preguntas para usted estimado lector: ¿Cómo está su fe? ¿Cómo está creyendo en Jesús? ¿En qué sentido la cuaresma le está ayudando a fortalecer la fe en Jesús? ¿Está poniendo en práctica su fe? ¿Las personas con las que comparte su vida pueden decir que usted es un creyente coherente? ¿Después de leer la Palabra de Dios en este domingo cree más en Jesucristo?

Para terminar, nos dirigimos en oración a María, madre de la Iglesia y madre de nuestra fe.

¡Madre, ayuda nuestra fe! Abre nuestro oído a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada. Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa. Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.

Ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar. Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado. Recuérdanos que quien cree no está nunca solo. Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz en nuestro camino.

Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor (Lumen Fidei N° 60).