TERCER DOMINGO DE CUARESMA

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

UNA PROPUESTA INCLUYENTE

15 de marzo de 2020

Ciclo A

Pbro. Luis Carlos Jaime Murillo, C.Ss.R.

Para este tercer domingo de cuaresma la liturgia nos presenta la lectura del evangelio según san Juan en el que narra el encuentro de Jesús con la mujer samaritana. Este encuentro recobra mayor relieve si lo ubicamos en el contexto en el que vivió Jesús y luego en el que los cristianos leyeron el texto del evangelista.

Los samaritanos fueron considerados en la época de Jesús herejes, por lo tanto, fuera de la ortodoxia judía. El relato que nos ocupa muestra claramente que la relación entre judíos y samaritanos no era la mejor, y eso se evidencia cuando la mujer samaritana le dice a Jesús: ««¿Cómo tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Se sabe que los judíos no tratan con los samaritanos).» (Jn 4,9). Los samaritanos aceptaban solamente el Pentateuco como libro inspirado, veneraban a Moisés, a Jacob y a José y se consideraban herederos de las tradiciones del norte de Israel, considerando a Judá y Jerusalén, como desviaciones de la verdadera enseñanza de Moisés.

El texto de Jn 4, 1-42 tiene tres escenas importantes distribuidas de la siguiente manera: Diálogo de Jesús con la samaritana (4,5-26); diálogo de Jesús con sus discípulos (27- 38) y coro final en el que aparecen todos los actores (39-42)

En la primera escena (1-26) muestra a Jesús haciendo algo que no le estaba permitido a un hombre importante de Israel, en este caso, Jesús el Maestro y Mesías de Israel: dialogar a solas con una mujer. De esta primera escena podemos decir que la propuesta de Jesús es escandalosa frente a las autoridades de Israel y para sus discípulos: en el corazón de Dios hay lugar para todos, especialmente para aquellos que han sido marginados por causa de religión, sexo, edad, etc. La interlocutora es una mujer que se encuentra en una situación extrema de marginación: mujer, extranjera y pecadora. El estado de vulnerabilidad de ella es muy grande y Jesús rompe todos los prejuicios y toma la iniciativa de acercamiento, de hablar con ella, de escucharla y de no condenarla. Luego de un amplio diálogo, Jesús le comunica que Dios no condena a nadie y que todos los seres humanos tienen oportunidades para levantarse, mirar al frente y no estar cargando un pasado doloroso.

Del encuentro con Jesús, la mujer entiende que ha estado buscando su realización donde no era posible encontrarla, cambia de mentalidad y de actitud frente a unas tradiciones que la han mantenido oprimida, le han quitado su identidad, dignidad y entiende que hay algo nuevo en cada instante de su vida, se da cuenta que el pasado es una carga que hace difícil caminar hacia adelante y ver con mirada limpia lo que Dios ofrece para todos.

En la segunda escena (27-38) el diálogo con los discípulos en el que ellos manifiestan su asombro de lo que acaban de ver: Jesús está hablando a solas con una mujer. El evangelista no presta mucha atención al asunto y se centra en revelar su programa: cumplir la voluntad del Padre que consiste en dar la vida eterna a quienes creen en Él. Junto a esta revelación, les muestra a los apóstoles cuál es la tarea que deben asumir desde ya: ser sembradores de la Buena Noticia que les está presentando Jesús.

Ser seguidor de Jesús consiste básicamente, según el relato joaneo, en estar con el Maestro, alimentarse permanentemente de Él, sin distracciones, sin exclusiones y tener claro que Dios es de todos y para todos.

La tercera parte (39-42) muestra dos aspectos relevantes: la conversión de muchos samaritanos por el testimonio de la samaritana, y el pedido de los samaritanos a Jesús para que se quede en medio de ellos, quienes lo reconocen como el Salvador.

La samaritana y sus paisanos se convierten para los cristianos en signo de apertura al mensaje de salvador de Jesús quien vino a mostrar el rostro misericordioso del Padre. La comunidad cristiana tiene que ser una comunidad incluyente en el que hay cabida para quienes estén dispuestos a buscar su realización como personas.

Los lectores del evangelio según san Juan (comienzos del siglo II d.C.) se encontraban en una situación muy particular: eran perseguidos a causa de su fe y muchos de ellos la abandonaron. Esta realidad los llevó a abrirse al mundo de los no creyentes donde era necesario sembrar el evangelio. Los samaritanos son signo de aquellos que no tienen prejuicios para abrirse al evangelio y a ver en él algo nuevo que les cambia la vida.

El protagonista de todo el relato del evangelista Juan es Jesús quien en los tres escenarios propuestos tiene las siguientes actitudes:

  1. No tiene ningún prejuicio con las personas que halla en el camino, por el contrario, sale a su encuentro y conoce las necesidades particulares y da la respuesta oportuna. No condena a la mujer samaritana, sino que la invita a levantarse, a olvidar el pasado y a mirar el futuro con optimismo y la hace parte importante de su proyecto: ser testigo de la acción de Dios en la historia de la humanidad.
  2. A los apóstoles los invita a permanecer con Él, ser sembradores de esperanza y estar abiertos a toda la novedad que trae el estar con Jesús.

Hoy más que nunca la Iglesia debe ser de todos y para todos y no una Iglesia que se encierra en sí misma se convierte en una secta que sólo acoge a los “buenos” y cierra las puertas del Reino de Dios a muchas personas que se esfuerzan por ser mejores seres humanos. Es la Iglesia que propone el Papa Francisco, es decir, una iglesia en salida y abierta a todos y que tiene las siguientes características:

  • “Salida de una Iglesia-fortaleza que protegía a los fieles de las libertades modernas hacia una Iglesia-hospital de campaña que atiende a toda persona que la busca, sin importar su estado moral o ideológico.
  • Salida de una Iglesia-institución absolutista, centrada en sí misma hacia una Iglesia-movimiento, abierta al diálogo universal, con otras Iglesias, religiones e ideologías.
  • Salida de una Iglesia-jerarquía, creadora de desigualdades hacia una Iglesia-pueblo de Dios, que hace de todos hermanos y hermanas: una inmensa comunidad fraternal.
  • Salida de una Iglesia-autoridad eclesiástica, distanciada de los fieles o incluso de espaldas a ellos, hacia una Iglesia-pastor que anda en medio del pueblo, con olor a oveja y misericordiosa.
  • Salida de una Iglesia-Papa de todos los cristianos y obispos que gobierna con el rígido derecho canónico hacia una Iglesia-obispo de Roma, que preside en la caridad y sólo a partir de ella se hace papa de la Iglesia universal.
  • Salida de una Iglesia-maestra de doctrinas y normas hacia una Iglesia-de prácticas sorprendentes y de encuentro afectuoso con las personas más allá de su pertenencia religiosa, moral o ideológica. Las periferias existenciales ganan centralidad.
  • Salida de una Iglesia-de poder sagrado, de pompa y circunstancia, de palacios pontificios y titulaciones de nobleza renacentista hacia una Iglesia-pobre y para los pobres, despojada de símbolos de honor, servidora y portavoz profética contra el sistema de acumulación de dinero, el ídolo que produce sufrimiento y miseria y mata a las personas.
  • Salida de la Iglesia -que habla de los pobres hacia una Iglesia- que va a los pobres, conversa con ellos, los abraza y los defiende.
  • Salida de una Iglesia -equidistante de los sistemas políticos y económicos hacia una Iglesia- que toma partido a favor de las víctimas y que llama por su nombre a los causantes de las injusticias e invita a Roma a representantes de los movimientos sociales mundiales para discutir con ellos cómo buscar alternativas.
  • Salida de una Iglesia-auto magnificadora y acrítica hacia una Iglesia -de verdad sobre sí misma y contra cardenales, obispos y teólogos celosos de su status pero con cara de “vinagre o de viernes santo”, “tristes como si fuesen a su propio entierro”, una Iglesia, en fin, hecha de personas humanas.
  • Salida de una Iglesia -del orden y del rigorismo– hacia una Iglesia de la revolución de la ternura, de la misericordia y del cuidado.
  • Salida de una Iglesia de devotos, como esos que aparecen en los programas televisivos, con curas artistas del mercado religioso, hacia una Iglesia-compromiso con la justicia social y con la liberación de los oprimidos.
  • Salida de una Iglesia-obediencia y de la reverencia hacia una Iglesia-alegría del evangelio y de esperanza todavía para este mundo.
  • Salida de una Iglesia sin el mundo, que permitió que surgiese un mundo sin Iglesia hacia una Iglesia-mundo, sensible al problema de la ecología y del futuro de la Casa Común, la madre Tierra”.

(Tomado de http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=715. Consultado el día 25 de febrero de 2020)

Este es el Jesús que nos invita a acercarnos a Él en esta Cuaresma y a hacer realidad en nuestra cotidianeidad su mensaje siempre provocador.