VI DOMINGO DE PASCUA

VI DOMINGO DE PASCUA

Jesús Alberto Franco G., C.Ss.R.

 

CICLO A: 17 DE MAYO DE 2020

Jn 14, 15-21

 

El evangelio de hoy, sexto domingo de pascua (paso de la muerte de la vida, de las esclavitudes a la libertad), está en el centro del discurso y la oración de despedida de Jesús, antes de su pasión y muerte (Juan capítulos 13 a 17), en el cual revela a sus discípulos su identidad y misión; del evangelio destacamos los siguientes mensajes:

En primero, si lo aman, que muestren el amor cumpliendo sus mandamientos. En los evangelios, el único mandamiento de Jesús es que “amen unos a otros”, mandamiento que repite muchas veces y que identifica el amor a Él (y a Dios) con el amor de los unos a los otros: “esto les mando, que se amen los unos a los otros”. El amor entre los cristianos debe ser según el ejemplo de Jesús: “como yo los he amado”. Y Jesús ama dando vida, haciendo realidad el Reino de Dios (paz, justica, amor, perdón, preferencia por los pobres, maginados, pecadores). Jesús hace realidad su amor, colocando el ser humano por encima del dinero, del poder y de la misma religión.

Segundo, el Espíritu Santo, el Espíritu de la verdad,  siempre los acompañará, nunca estarán solos; además, les ayudará a conocer la verdad a los largo de la vida. Buscar la verdad y servir a la vedad debe ser una característica de sus discípulos y seguidores. La verdad no solo es la adhesión a unas ideas o comprensiones religiosas sino una actitud de búsqueda de la rectitud, honradez y coherencia en la vida, que les generará conflictos (todos conocemos lo que ha pasado en la historia con quienes buscan la verdad). Hay una estrecha relación entre la búsqueda y conocimiento de la verdad y el seguimiento de Jesús.

Tercero, aunque los discípulos no lo vean,  Jesús siempre estará con ellos, pero deben aprender a reconocerlo (en la fracción del pan, en los “hermanos más pequeños”, en justicia, el amor, el servicio). En Jesús reconocemos al Padre, a quien está unido, como deben hacerlos sus seguidores.

Cuarto, hay una relación entre la obediencia a Jesús,  hacer lo que manda (amarse unos a otros),  amar la verdad y amar a Jesús. El resultado será ser amados por el Padre y Jesús. Conocer realmente a Jesús.

En el evangelio hay un cambio radical en la comprensión de la presencia de Dios: antes, se creía que Dios estaba en un “lugar sagrado” y exigía normas, cultos, tiempos y personas sagradas ahora, Jesús afirma que el lugar de su presencia de Dios es la comunidad cristiana y cada uno de sus miembros, esta es la nueva “morada” de la presencia divina. Para Jesús, “la realidad humana se hace santuario de Dios. De esta manera Dios “sacraliza” al hombre (Espíritu Santo) y, a través de él, a toda la creación”[1].

Reconocer a Dios en la creación y en el ser humano, colocar la vida por encima del dinero, del poder y del consumo  es el primer paso para crear una sociedad sin pandemias, sin virus,  violencias, hambre, muerte, injusticias y sin calentamiento global.

[1] J. Mateos-J. Barreto, Evangelio de San Juan. Análisis lingüístico y comentario exeguético, Ed. Cristiandad, Madrid 1982, p. 646.